Soy bastante sentimentaloide y, por tanto (o por lo menos en mi caso va unido), bastante llorona. Lloro practicamente por todo. Lloro cuando estoy triste (por supuesto), cuando estoy nerviosa, cuando me enfado y no quiero sacar mi furia fuera, lloro con las películas, con las canciones, lloro cuando veo la crueldad...¡vamos, que no se yo cómo es que tengo retención de líquidos!

Hace unos días lloré de nuevo, primero de rabia y luego de amor. Me explico:el otro día dejé las llaves de mi moto puestas y me fuí a trabajar, claro, cuando volví 4 horas más tarde me sentía morir cuando me iba acercando hacia la moto buscando las llaves en mi bolso y no daba con ellas. En seguida busqué con la mirada mi vehículo y... ¡allí estaba!, menos mal... Habían desaparecido las llaves, las herramientas que llevo bajo el asiento y la bolsa con las cosas para ir al gimnasio, pero por lo menos la moto seguía en su sitio. Pregunté en los comercios cercanos por si alguien había dejado las llaves allí, pero nada. Pude volver a casa porque C me trajo las llaves de repuesto y lloré porque alguien me había fastidiado. Ahora no podía volver allí con mi moto y que quien tuviera las llaves hiciera uso de ellas, con lo que ahora me tocaba cambiar bombines y pitón.
Cuando se lo contaba a mi hermana casi adolescente le faltó tiempo para ofrecerme su scooter. Me quedé un poco boquiabierta pues en mi ciudad la moto es casi imprescindible para moverte pues el tráfico es mortal y el aparcamiento ni os lo cuento, Y lloré de nuevo. No es que me sorprenda porque no me lo esperaba de ella o algo así, sé cómo es y que es buena pero es que... no sé... que fuera tan rápido, que le faltara tiempo para sacar sus llaves de la mochila y ponérmelas en la mano. No sé... parecerá una tontería... yo me hinché a llorar (que se me da muy bien)